Durante el paro de transportistas en Lima, que transcurrió con una participación significativa, la atención se desvió hacia un hecho que ha generado indignación: la actitud provocadora de un policía que, según muestran las imágenes, rompe deliberadamente el espejo lateral de un bus detenido.
Este acto, más allá de cumplir una función de control, refleja un uso innecesario de la fuerza que agrava la tensión en lugar de apaciguarla. La violencia por parte de quien debería garantizar el orden pone en tela de juicio los protocolos de actuación de la Policía Nacional en escenarios de protesta.



